La educación afronta una crisis de propósito.
En muchos lugares, incluido mi país, Estados Unidos, se ha sustituido el cuidado del aprendizaje por su gestión. Se prohíben libros. Se silencia a los docentes. Se borran o reescriben historias. Se detiene y deporta a estudiantes que disienten. Estas acciones reflejan una aceptación creciente del control autoritario, bajo el cual la educación se convierte en un mecanismo para imponer obediencia y restringe el acceso al conocimiento.
A la vez, los sistemas globales están bajo presión. La inestabilidad climática, la migración forzada y la inteligencia artificial modifican cómo vivimos, trabajamos y nos relacionamos. Las instituciones educativas siguen atadas a modelos obsoletos que carecen de respuestas a la complejidad del mundo.
El problema reside en el diseño que sostiene al sistema. Las estructuras educativas han cambiado poco en más de un siglo. Las aulas siguen apoyándose en el control, los currículos priorizan la obediencia y la evaluación clasifica en vez de acompañar. Estos sistemas cumplen el propósito para el que fueron creados. La mayoría de las reformas intenta perfeccionar esa maquinaria, y ahí está el problema.
Estas condiciones inspiraron Manifesto 25, una respuesta a la brecha entre lo que la educación afirma hacer, lo que hace y lo que necesitamos para recuperarla. Es un documento vivo, creado con voces de todo el mundo, que propone una visión del aprendizaje centrada en la dignidad humana, la curiosidad y la responsabilidad compartida.
Anoche presenté el manifiesto ante un público de distintas partes de América en un seminario virtual organizado por la Alternative Education Resource Organization (AERO). Después conversamos desde la urgencia, la memoria y la resistencia. Docentes y organizadores reflexionaron sobre el trabajo que ya realizan y sobre lo que siguen luchando por proteger.
Cinco pilares de Manifesto 25
Los 25 puntos de Manifesto 25 pueden agruparse en cinco temas:
- Aprender es un derecho humano. Abarca el acceso a la educación formal y el derecho a aprender de formas que tengan sentido, sean pertinentes y estén arraigadas en el contexto propio. Una credencial no define a quien aprende, y un edificio escolar no determina todos los lugares donde ocurre el aprendizaje.
- Aprender requiere confianza, agencia y autoeficacia. La mayoría de los sistemas supone que debe controlar a los estudiantes mediante la gestión del tiempo, el espacio y la información. Los estudiantes son personas que necesitan espacio para formular sus preguntas, seguir sus caminos y asumir responsabilidad por lo que aprenden.
- Las escuelas actuales dejan a quienes aprenden sin preparación para el futuro. Lo sabemos y, sin embargo, seguimos vinculando la educación con modelos obsoletos de éxito. Preparamos para trabajos que quizá desaparezcan y reglas que han perdido vigencia. Debemos preparar para afrontar la incertidumbre, comprender la complejidad y construir futuros que aún no podemos imaginar.
- El aprendizaje ocurre en todas partes. La mayoría de las políticas educativas ignora este hecho. Aprendemos en hogares, jardines, lugares de trabajo, protestas y juegos. Las instituciones suelen desestimar esos espacios y premiar el aprendizaje que cabe en un expediente, lo que reduce aquello que reconocemos y valoramos.
- La educación requiere responsabilidad compartida. El aprendizaje siempre beneficia a alguien. Debemos preguntar para quién funciona el sistema y a costa de quién. Construir futuros justos y democráticos exige apoyar a estudiantes y docentes que cuestionan normas injustas y crean posibilidades.
Manifesto 25 reconoce los límites de sus propuestas. Ofrece un lenguaje compartido a quienes ya reconsideran la educación en sus contextos, sin pretender disponer de todas las respuestas. Funciona como un marco para comprendernos entre diferencias y elaborar rutas hacia el futuro que tengan sentido.
El manifiesto cuestiona la idea de que bastan pequeños ajustes para reformar los sistemas educativos. Propone reimaginar la educación desde sus cimientos. La siguiente tabla contrasta dos modelos conceptuales, los sistemas orientados al control y los marcos de aprendizaje emancipador, cuyas premisas sobre la educación, quienes aprenden y las condiciones del aprendizaje difieren.
| Sistemas orientados al control | Marcos de aprendizaje emancipador |
|---|---|
| Obediencia como objetivo | Curiosidad como punto de partida |
| Contenidos y resultados estandarizados | Aprendizaje contextual y relacional |
| Preparación para funciones laborales definidas | Aprendizaje como proceso de llegar a ser |
| Conocimiento transmitido por la autoridad | Conocimiento construido con otras personas |
| Evaluación como clasificación | Evaluación como reflexión y crecimiento |
| Docentes y personal como gestores | Docentes y personal como colaboradores |
| Vigilancia y supervisión | Confianza y autonomía |
| Currículo definido por intereses estatales o corporativos | Currículo definido por las necesidades de cada estudiante y su comunidad |
| Legitimidad limitada a instituciones formales | Legitimidad arraigada en la experiencia vivida |
El manifiesto nació de conversaciones en todo el mundo. Solicitamos aportaciones y orientación en el Sur Global antes de acudir al Norte. Docentes, organizadores y estudiantes incorporaron su experiencia al proceso de redacción. Lo publicamos mediante un proceso pausado y deliberado, con la invitación a firmarlo, reinterpretarlo y traducirlo integrada en su diseño. Las personas y organizaciones aparecen como coautoras para expresar la propiedad colectiva de las ideas y el compromiso con las acciones necesarias para construir los futuros educativos que preferimos.
El propósito del documento es apoyar a las comunidades para que imaginen y construyan sus mejores futuros posibles, con aprendizaje pertinente, digno y arraigado en las necesidades humanas. Cada comunidad puede darles una forma distinta y reconocer que siempre habrá aspectos por mejorar.
Una conversación global
El seminario reunió a docentes y organizadores con experiencia en contextos diversos. Algunos hablaron desde sistemas públicos bajo presión; otros, desde alternativas comunitarias pequeñas. Un docente de Canadá relató la situación de una escuela democrática bajo ataque político. Una educadora de México preguntó cómo ampliar el cambio sin borrar las culturas locales. El hilo común fue una resistencia sostenida que suele pasar inadvertida.
Estas personas ya construían espacios de aprendizaje y utilizaban el lenguaje del manifiesto para orientar sus acciones. Buscaban conectar con otros que compartieran ese trabajo. El propósito del manifiesto es ayudar a recuperar el derecho a definir qué es aprender, dónde ocurre y por qué importa.
Cuando se derrumba la esperanza
Muchas personas todavía esperan mejorar la educación mediante políticas, liderazgo o innovación. La esperanza, por sí sola, no produce cambio. En muchos países, el poder utiliza la educación para limitar el acceso al conocimiento, eliminar el pensamiento crítico e imponer obediencia.
Estados Unidos tiene ahora una secretaria de Educación que confunde la inteligencia artificial con una salsa para carne. El episodio podría parecer simple incompetencia, pero expresa indiferencia, si no desprecio, hacia la educación pública. Quienes ejercen el poder han dejado de fingir interés. Buscan una población entrenada para obedecer y carecen de interés por los medios, siempre que puedan controlar los resultados.
En este contexto necesitamos actuar. Manifesto 25 recuerda que, cuando la esperanza se derrumba, debemos responder con visión y cuidado. Debemos resistir los sistemas que reducen el aprendizaje a conformidad y construir otros basados en confianza, pertinencia y responsabilidad compartida.
La educación puede adoptar múltiples formas. Cada respuesta que tenga sentido debe surgir de condiciones, relaciones e historias locales. Estandarizar el aprendizaje entre contextos diversos suele borrar las diferencias que hacen resilientes a las comunidades. Necesitamos claridad de propósito: decidir qué defendemos y qué estamos dispuestos a dejar atrás. Esta lucha se sostiene con visión, solidaridad, imaginación puesta en práctica, acción creativa y comunidades construidas desde la confianza.
Afrontar el miedo
Mientras los sistemas educativos funcionen mediante miedo y ansiedad, resistirán la colaboración, silenciarán el disenso y bloquearán la innovación. El miedo debilita las relaciones que hacen posible aprender.
Necesitamos una teoría de la acción que reconozca la confianza como condición para un cambio con sentido. Esto implica diseñar enfoques que inviten a participar y escuchar a estudiantes y familias como personas que aportan al proceso. También exige alianzas entre sectores. Gobiernos, docentes, familias y empresas deben relacionarse desde la responsabilidad mutua y superar una lógica basada en mandatos.
Como planteamos en Knowmad Society, quienes aprenden y otros miembros de la sociedad aportan valor al adaptarse, colaborar y aplicar conocimiento en situaciones imprevisibles. En ese contexto, la confianza permite innovar. Las personas necesitan libertad para asumir riesgos intelectuales sin miedo al castigo o la vergüenza. Sin confianza, la creatividad se estanca y el aprendizaje se estrecha.
Manifesto 25 lo expresa así:
Podemos y debemos construir culturas de confianza en nuestras escuelas y comunidades. Mientras los sistemas educativos sigan basándose en miedo, ansiedad y desconfianza, persistirán los obstáculos a los cambios anteriores. Para desarrollar una capacidad colectiva de cambiar la educación, los docentes necesitan comunidades comprometidas y deben participar con las comunidades a las que sirven. Esto exige una teoría de la acción centrada en la confianza, donde estudiantes, escuelas, gobiernos, empresas, familias y comunidades colaboren para cocrear nuevos futuros educativos.
El cambio comienza con una confianza que debemos practicar, renovar y proteger: en estudiantes, docentes y comunidades. También requiere que las instituciones confíen en que las personas actuarán por el bienestar colectivo cuando dispongan de oportunidades y apoyo.
Durante el seminario, los participantes describieron cómo se expresa esta confianza en la práctica. Un educador explicó cómo una escuela pública democrática de Toronto sigue funcionando bajo una presión política creciente. Otros destacaron los portafolios diseñados por estudiantes como expresiones de aprendizaje guiadas por sus metas y contextos. En estas experiencias, la confianza tomó forma como una práctica cotidiana construida mediante relaciones, responsabilidad mutua y libertad para buscar aprendizajes que importan. Sin embargo, siguen siendo casos excepcionales sostenidos por personas que impulsan cambios educativos.
Las comunidades de confianza varían según la geografía, la cultura y el entorno institucional. Algunas adoptan la forma de escuelas democráticas, donde estudiantes y personal deciden juntos. Otras surgen como espacios de aprendizaje informal, redes de apoyo mutuo o cooperativas educativas de base. Las une el compromiso de reconocer a quienes aprenden como participantes con pleno derecho a orientar su educación.
Este enfoque tiene consecuencias prácticas. Los educadores pasan de transmitir contenidos a facilitar procesos. Las relaciones reciben prioridad frente a la eficiencia. El tiempo se organiza con flexibilidad para permitir indagación y reflexión. El conflicto se aborda como una oportunidad de aprendizaje que merece atención.
Construir estas comunidades exige que las instituciones asuman riesgos con una determinación poco habitual. La confianza difícilmente prospera en entornos dominados por métricas de desempeño o listas de cumplimiento que la eliminan del sistema. Las escuelas deben cuestionar sus premisas, redistribuir autoridad e invitar a participar a quienes suelen quedar fuera de las decisiones, en especial jóvenes, familias y comunidades marginadas.
Cada respuesta debe crecer desde condiciones, relaciones e historias concretas. La estandarización entre contextos diversos suele borrar las diferencias que permiten a las comunidades adaptarse y persistir. Necesitamos aclarar el propósito y definir quiénes queremos llegar a ser. Debemos decidir qué proteger, qué cambiar y qué dejar atrás al construir culturas de confianza en nuestras escuelas y comunidades.
Lee y firma Manifesto 25 en https://manifesto25.org.



